13 de octubre de 2010

Vargas Llosa, nuevo Nobel

El día 7 de octubre, a las 13 horas, la Academia Sueca, concedió el Premio Nobel de Literatura 2010 a Mario Vargas Llosa.



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La primera consideración es felicitarnos porque sea un autor en español, ya que hacía 20 años desde el último premio a un escritor en nuestra lengua. Además, aunque peruano de origen, tiene también la nacionalidad española y aquí ha pasado algunas de las épocas más importantes para su vida y su obra, así, al agradecer el premio nada más conocerlo, aludió a Carlos Barral, a Carmen Balcells y a su estancia en Barcelona.

La causa del premio se debe, en palabras de la Academia a " su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota". Es innegable este compromiso del autor, en especial en sus primeras obras como Los cachorros,  Los jefes, La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la catedral,...

Vargas Llosa ha recibido numerosos premios a su trayectoria, destacando el Príncipe de Asturias de las Letras (1986) y el Cervantes (1994).

A partir de los años 80 entró en política, defendiendo posturas liberales ("de derechas") que se han ido radicalizando con los años, lo que ha generado intensas polémicas como su defensa de la actuación de Bush en Irak.

Pero como a un autor hay que juzgarlo por su obra, el propio Vargas Llosa nos da  la clave para valorar a un escritor y su literatura:

“Las mismas sociedades que exiliaron y rechazaron al escritor pueden pensar que ahora conviene asimilarlo, integrarlo, conferirle una especie de estatuto oficial. Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor, o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras que irán desde lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social. Las cosas son así y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y será un descontento. Nadie que esté satisfecho es capaz de escribir, nadie que esté de acuerdo, reconciliado con la realidad, cometerá el ambicioso desatino de inventar realidades verbales. La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista.”

 Fragmento del discurso “la literatura es fuego”, pronunciado al recibir el premio Rómulo Gallegos en 1967

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