Mostrando entradas con la etiqueta García Lorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta García Lorca. Mostrar todas las entradas

17 de diciembre de 2012

Poesía sincopada: Homenaje al 27

En 1927, tal día como hoy, se celebro el homenaje a Góngora que dio origen a la Generación del 27. Sin perder al homenajeado de vista, ayer día 16, y hoy 17, queremos conmemorar esa reunión de poetas. Por ello queremos publicar un poema de un autor de ese grupo, y os animamos a que lo hagáis también en vuestros blogs,  Facebook, Google + o Twitter, bajo la etiqueta #poema27.

 Fotografía del citado acto, procedente de Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Por mi parte he escogido a Federico García  Lorca, en concreto uno de sus "sonetos del amor oscuro".

 Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que mas siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tu eres el tesoro oculto mío
si eres mi cruz y mi dolor mojado
si soy el perro de tu señorío,

No me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado. 



 

22 de septiembre de 2011

Medio pan y un libro

Una compañera y amiga (gracias Mª Antonia) me envía este precioso texto con el que Federico García Lorca inauguró la biblioteca de su pueblo en septiembre de 1931. Tal vez, en estos días en que se oyen en las calles miles de gritos reivindicando una Educación Pública de todos y para todos, no solo para unos pocos, las palabras de García Lorca renazcan con nuevo vigor:



Medio Pan y un Libro.

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931. 

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."