7 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero ha muerto



Leopoldo María Panero es uno de los poetas más especiales, solitarios y de vida maldita que han existido en el siglo XX.  



Hijo del reconocido poeta falangista Leopoldo Panero y de Felicidad Blanc, quien  escribió y publicó novelas antes de de su matrimonio. Hermano de escritores y críticos de cine, la vida de su familia fue analizada por Jaime Chávarri en El desencanto, película que fue continuada por Ricardo Franco, veinte años después en “Después de tantos años”.




Castellet lo incluyó en su antología “Nueve novísimos poetas españoles” en  1970 y en esos años comienza su peregrinar por hospitales psiquiátricos  fruto de sus experiencias con diferentes drogas,   alcohol, lo que acentuó su esquizofrenia. En sus momentos de lucidez , sin embargo, produjo docenas de libros de una calidad sublime, además de traducciones y ensayos, dando muestra de una cultura amplísima que le permitían citar de memoria ensayos filosóficos, científicos, así como obras literarias en varios idiomas.
Pero no solo cita sesudos ensayos, también cita películas, obras clásicas como la isla del tesoro, o canciones populares.

Aunque esta denominación no le gustaba nada, es el prototipo del “Poeta Maldito”, admirado por la crítica y el público, así como por otros artistas que ven en su obra una fuente mágica de arte. ¿Podía ser considerado de otra manera que “maldito” alguien capaz de escribir textos como Peter Punk,  la monja atea o el lamento de un vampiro?
Así, ha sido homenajeado por diversos artistas, como el disco homenaje con sus textos que grabaron Carlos Ann, Bunbury, José María Ponce y Bruno Galindo hace ya diez años.




Sus Cuentos completos están editados por Tua Blesa en Páginas de Espuma.



En cuanto a su poesía, recomiendo la poesía completa (2000-2010) , también editada por  Tua Blesa, en  Visor.



Aunque lo mejor será leer  sus palabras:


A quién me leyere

 Los libros caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de viejo moribundo), y las palabras me azotaban y un remolino de gente gritaba contra los libros, así que los eché todos a la hoguera para que el fuego deshiciera las palabras…

Y salió un humo azul diciendo adiós a los libros ya mi mano que escribe: “Rumpete libros, ne rumpant anima vestra”: que ardan, pues, los libros en los jardines y en los albañales y que se quemen mis versos sin salir de mis labios: el único emperador es el emperador del helado, con su sonrisa tosca, que imita a la naturaleza y su olor a queso podrido y vinagre. Sus labios no hablan y ante esa mudez me asombro, caigo estático de rodillas, ante el cadáver de la poesía.
   Poemas del Manicomio de Mondragón, Hiperión.


En el enlace, podemos escuchar al autor recitando sus poemas  en el vídeo titulado Merienda de negros, y  creado por Elba Martínez.  




Leopoldo escribió un texto que hoy cobra más significado que nunca:


Me celebro y me odio


Me celebro y me odio a mí mismo
palpo el muro en que habrá de grabarse mi ausencia
mientras el poema se escribe contra mí,
contra mi nombre
como una maldición del tiempo.

Escupo estos versos en la guarida de Dios
donde nada existe
sino el poema contra mí.

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